Dos clásicos con historia para sobrevivir a agosto 🌞

Dos clásicos con historia para sobrevivir a agosto 🌞

El calor de agosto también se combate con buen gusto

Agosto aprieta, las terrazas se llenan y todo el mundo busca algo frío en la mano. Pero hay una diferencia entre beber algo frío y beber algo bueno. Dos bebidas, nacidas a casi setenta años de distancia y en países completamente distintos, llevan décadas demostrando que se puede tener ambas cosas a la vez.

Big Tom: el Bloody Mary que nació de la frustración de un inglés

Corría 1996 cuando Lawrence, harto de pedir Bloody Marys mediocres en los pubs de todo el Reino Unido, decidió resolver el problema por su cuenta. El resultado fue Big Tom: una mezcla de zumo de tomate con más de una docena de hierbas y especias —sal de apio, tamarindo y salsa Worcestershire entre ellas—, ajustada durante años hasta dar con la fórmula "Rich & Spicy" que se mantiene intacta hoy. La búsqueda de la proporción exacta —ni muy dulce, ni muy ácida, con el punto justo de picante— tardó años en cerrarse, y ese fue precisamente su mejor argumento de venta.

En 2002 llegó el espaldarazo definitivo: un Royal Warrant, el sello que la Corona británica concede a los proveedores de calidad contrastada. Desde entonces, Big Tom se elabora en White's Fruit Farm, en Suffolk, dentro de la empresa familiar James White Drinks, y se ha convertido en la marca de referencia en zumo de tomate especiado premium en Europa, presente en más de treinta países y en las cartas de una docena larga de aerolíneas.

En HerreraFood lo encontrarás listo para dos usos: solo, bien frío, como un aperitivo con carácter, o como base de un Bloody Mary con el equilibrio de especias ya resuelto. Un trago que corta el calor seco de agosto de un solo golpe.

Botella de Big Tom – Zumo de tomate especiado para Bloody Mary

Bellini Cipriani: un homenaje a un pintor que acabó siendo leyenda

La otra historia empieza en Venecia, un 13 de mayo de 1931, cuando Giuseppe Cipriani abrió el Harry's Bar en un antiguo almacén de cuerdas junto a la Plaza de San Marcos. Durante noventa años ese local ha sido punto de encuentro de escritores, artistas y aristócratas, y hoy sigue en manos de la misma familia, ya en su cuarta generación.

Fue el propio Giuseppe quien, en 1948, ideó el Bellini para rendir homenaje a una exposición del pintor renacentista Giovanni Bellini que se celebraba en la ciudad: zumo de melocotón blanco y Prosecco DOC, combinados hasta lograr ese tono rosado suave que da nombre al cóctel. Con solo un 5,5% vol., el resultado es tan ligero como elegante: burbuja fina, entrada dulce y un aroma que recuerda al melocotón maduro y a flor de acacia.

Es, probablemente, la bebida de verano gourmet más fácil de servir en una tarde de agosto: se sirve muy frío, entre 6 y 8 grados, y no exige más ceremonia que una copa flauta y buena compañía.

Dos formas distintas de refrescarse con estilo

Un pub inglés y un bar veneciano. Un tomate con carácter y un melocotón con burbujas. Big Tom y Bellini Cipriani no podrían ser más distintos, pero comparten algo: nacieron porque alguien no se conformó con lo mediocre, y ese estándar sigue intacto en cada botella. No hace falta viajar a Suffolk ni a San Marco para disfrutarlos: puedes preparar tu Bloody Mary con Big Tom o servir un Bellini Cipriani bien frío desde tu propia terraza, aunque agosto siga apretando.